sábado, 6 de abril de 2013
Sayuri
Cuando pienso en Sayuri me la imagino nadando entre delfines, en un mar azul, espejo de un cielo diáfano y pintado de nubes. No sé si esta imagen tenía asidero en los intereses reales de mi prima. No sé si la biología marina formaba parte de sus propósitos de vida. No recuerdo haber tenido con ella una conversación acerca del tema. Tal vez en su casa alguna vez se me quedó la imagen de una postal de la hermosa isla de Okinawa. Tal vez alguna vez ella pintó unos delfines siderales y los colgó en su habitación. Tal vez asocié todo lo anterior con los días de mi infancia en que mi tía, su madre, nos llevaba a todos los primos a la piscina en vacaciones. Recuerdo que mientras chapoteábamos en el agua, mi tía Margarita se sentaba elegantemente a leer un libro bajo una sombrilla. Tal vez tenía que ver con que veía a Sayu como una mujer que buscaba obstinadamente sus sueños. Tal vez simplemente la extraño e inconscientemente deseo que esté bien y feliz. Lo cierto es que, en su velorio, cuando me preguntaron si quería acercarme al cajón para verla por última vez me rehusé. Yo ya tenía la imagen con que deseaba recordar a mi prima, fuera o no producto de mi imaginación.
lunes, 7 de mayo de 2012
El cuestionamiento del sistema
El blog demanifestación publicó un artículo de mi autoría. Para leerlo denle clic al vínculo. Gracias.
http://demanifestacion.wordpress.com/2012/05/06/el-cuestionamiento-del-sistema/
http://demanifestacion.wordpress.com/2012/05/06/el-cuestionamiento-del-sistema/
viernes, 4 de mayo de 2012
Verdad y Libertad
La esperanza no se pierde, la esperanza siempre está. La cotidianeidad puede tratar de socavar las bases que sostienen el futuro que uno se construye. Rascan, roen, con paciencia, sin interrupción. Pero la esperanza sobrevive. La fe no se pierde. El problema no es el día a día. No son los vientos de las dificultades que azotan nuestro puerto seguro los que al final nos vencen. No es el hambre y el dolor que pasamos a veces. Desde los días del primer hombre la vida conspira con hacer desfallecer al humano. Pero la esperanza siempre sobrevive. Lo cotidiano no mata a la esperanza. La mayor amenaza hacia el optimismo es la utopía enlatada. Aquellos espejismos que nos venden desde pequeños con el fin de que confiemos en un sistema cínico. Un aparato construido, a veces conscientemente, para que enfoquemos nuestras energías en lo imposible. En el cuento de hadas moderno. Para que creamos que encontraremos la olla de oro al final del arcoíris. De que este mundo recompensa al justo en su vida terrenal. De que el bueno de la película siempre llega vivo al final. Que si trabajamos duro, hacemos nuestros deberes y tomamos nuestras vitaminas el triunfo personal estará asegurado. No, no es eso. Lo que finalmente mata la esperanza es no abrir los ojos. Es no darse cuenta que el mundo no es un lugar feliz. Que no es un lugar justo. Que el hombre fue, es y será el lobo del hombre. Lo que mata la esperanza es empecinarnos a leer el porvenir con los anteojos que nos proporciona el perverso. La esperanza, la verdadera esperanza, va más allá de los resultados de la economía coyuntural. Va más allá de los triunfos nacionales o personales. La verdadera esperanza se basa en la convicción de que a pesar de que comprendamos que este mundo no nos recompensará por el bien sembrado, vale la pena abrazar con optimismo el futuro. La verdadera esperanza es la que sobrevive el trauma de reconocer que nos mintieron. Es reconocer, ante el umbral de la muerte, que no éramos el titiritero sino muñecos bailando en hilos invisibles, y aún así creer en lo justo. Porque la verdadera esperanza sobrevive a la muerte. Porque cuando gritamos buscando la verdad, es la libertad la que voltea y nos sonríe.
domingo, 22 de abril de 2012
Día de la Tierra
Imagen publicada originalmente por Cayusa en: http://www.flickr.com/photos/cayusa/2051756510/
Bajo licencia CC
Pensaron que nunca llegaría el día en que la mujer podría votar, dejando de ser una propiedad del marido, equivalente a una cabra o un armario. Pensaron que nunca llegaría el día en que un negro y un indio pudieras ser presidentes de su país, ya que estaba científicamente comprobado que estaban más emparentados con los simios que con el hombre blanco. Pensaron que nunca llegaría el día en que los homosexuales pudieran casarse entre sí, ya que la ciencia, nuevamente, los había categorizado como enfermos mentales. Pensaron que nunca llegaría el día en que los obreros dejen de trabajar 16 horas al día, y todo aquel que se opusiera era, mínimamente comunista y antiprogresista. Pensaron, que nunca llegaría en que la quema de brujas y blasfemos dejaría de ser su deber de cristiano. Pensaron muchas cosas, en muchos lugares. Pero el día llegó. De igual manera, llegará un día en que la tierra sea protegida, no sólo para apreciar su belleza de jardín casero. Llegará un día en que los ecología deje de ser una ciencia menor, depósito de esfuerzos de medio tiempo, de filántropos y aventureros locos. Que contaminar sea sinónimo de asesinar. Que cuidar un árbol sea igual que criar un hijo. Que el verde de un toborochi sea más valioso que el verde de los dólares.
Pensarán que nunca llegará el Día de la Tierra.
viernes, 20 de abril de 2012
Nico, atropellando el mundo
Nico, uno de los trillizos, dió sus primeros pasos. Son los pasos de alguien que desde el primer momento fue un hombre de acción. Explorando las esquinas remotas de su cuna. Trepando hacia la luz blanquecina que se balancea por encima de su cabeza. Podemos preveer que nunca se detendrá y que son los primero pasos a su independencia, y su decisivo paso hace que no me atreva a detenerlo, tal vez solo recomendarle que trate de no atropellar al mundo en su viaje. Ya lo veo alejarse sólo, viviendo la aventura que es vivir. Luego les cuento de Teo y Sofi.
miércoles, 18 de abril de 2012
El viejo
Imagen publicada originalmente por Alain safa en: http://www.flickr.com/photos/alainsafa/1167700670/
Bajo licencia CC
El viejo apagó la televisión, tomó su
abrigo y salió a la calle. Afuera los mendigos se tapaban con periódicos. El
viejo apretaba los dientes, aunque siempre vivió en el frio nunca terminó de acostumbrarse. Un niño le apuntó una pistola que disparaba colores. Se acordó de los chinos. Los juguetes que sus proveedores le mandaban desde el país de la
gran muralla duraban menos que el papel con que los envolvía. No era eso lo que le incomodaba. Ya se había resignado a la mala calidad de los juguetes chinos. Y es que los costos se habían disparado. Comprarles a ellos era la única opción si quería suplir la demanda de fin de año. No, no era eso.
Fue el saber, tardíamente, que explotaban a millones de niños en las
líneas de producción de la mayoría de las fábricas chinas. Lo había
visto en discovery channel la semana pasada. Trabajaban 18 horas diarias, 6 días a la semana, ganando un sueldo de hambre. Una rata pasó a su lado interrumpiendo sus meditaciones. No le gustaba Nueva York, era una ciudad muy sucia, y la gente andaba siempre apurada. Todas las ciudades modernas son así, pensó, sucias y agitadas. Residía allí por razones laborales. La logística que conllevaba manejar un inventario tan grande lo obligaba a elegir una gran ciudad. Sacudió la nieve de su abrigo. Le quedaba muy grande y holgado. Se acordó de su primer abrigo, de color rojo y verde con motivos dorados. Lo cambió por el de rojo y blanco cuando coca cola le ofreció patrocinar su empresa. Luego cuando quiso cambiar a sus colores originales no pudo. Ya todo el mundo lo identificaba con el rojo y blanco de la gaseosa. Así que no le quedó otra que vestir publicidad subliminal y gratuita para un refresco edulcorado. Unas cuadras más adelante pasó por la zona cero. A esa hora de la noche, y a pesar del frio, un centenar de personas miraban silenciosos el agujero negro. Algunas rezaban. El juguetero se cansó rápido, le comenzó a doler los oídos por el frío y ya era hora de su dósis de insulina. Decidió regresar a su apartamento. En medio camino vio a una mendiga que pedía limosna en la puerta de una iglesia. Un coro de niños cantaba villancicos adentro. La mujer le extendió la mano desde el suelo. El viejo buscó unas monedas en sus bolsillos, titubeó unos segundos, se sacó su abrigo y lo puso sobre los hombros de la anciana. "Merry Christmas, God bless you", le dijo la anciana un poco sorprendida. Papa Noel, esbozó una sonrisa y, meditabundo, entró a la iglesia con las manos en los bolsillos.
jueves, 5 de abril de 2012
Creer en Dios
Imagen publicada originalmente por Bethan en:http://www.flickr.com/photos/beth19/4612316499/
Bajo licencia CC
Creer en Dios es, en última instancia, apostar por el camino del optimismo, ante la aparente irreversibilidad de la muerte.
viernes, 30 de marzo de 2012
La creación
Imagen publicada originalmente por DazzlingDigitalPhotography en: http://www.flickr.com/photos/deja-dew/3515225461/
Bajo licencia CC
La historia de la creación habría
sido mal entendida. En la tarde del sexto día, al ver todo lo que había hecho,
y al saber que todo era bueno, Dios decidió descansar el séptimo día. Lo que
nosotros, hijos de Adán y Eva, no comprendimos es que Dios sigue durmiendo
durante ese milenario día. La creación no sería una crónica, sino una profecía.
El Señor volverá a pedirnos cuentas qué hicimos mientras él dormía. Y al ver
que envenenamos los cielos y la tierra, talamos los árboles y consumimos todos
los frutos del bien y del mal, se alzará en ira, y seremos expulsados,
desnudos, fuera del Edén. Todo porque nunca nos dimos cuenta que aún vivíamos en el Paraíso.
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lunes, 26 de marzo de 2012
Prohiben los abrazos
Imagen publicada originalmente por Clover_1 en: http://www.flickr.com/photos/clover_1/1245782073/
Bajo licencia CC
Para evitar los "contactos físicos inadecuados" un director de escuela en Nueva Jersey resolvió prohibir los abrazos entre los alumnos del establecimiento educativo en que trabaja. El abrazo, gesto universal de fraternidad fue prohibido, y dicha medida fue incluso apoyada por un sector de la población involucrada. Siempre, y en todos los niveles, el control absoluto ha sido propuesto como solución a los posibles excesos provistas por las libertades que se nos otorgan desde el momento en que comenzamos a respirar. El control de la voluntad se ejerce ante el miedo de la rebelión y, en este caso, al libertinaje. Todas las dictaduras se basan en dicho miedo. Me pregunto qué sucedería si cada uno de nosotros procediera como este educador. Por ejemplo, después de Columbine, ¿los padres dejaron de mandar al colegio a sus hijos? Si Gandhi hubiera sabido de esa bala, ¿Hubiera apoyado la pro-violencia? Ante una semana de dificultades, ¿dejaríamos de responder el teléfono por miedo a recibir malas noticias? ¿No le abriríamos la puerta a un amigo por temor a ser asaltados? ¿Qué pasaría si Messi frenara su paso meteórico por miedo a lesionarse? ¿Qué pasaría si abandonaríamos la vida por miedo a la muerte? Si prohibieran los abrazos a nivel mundial, ¿Las cárceles tendrían espacio para albergar a todos los transgresores de la norma? Pero no seamos tan duros con este director, tal vez todo esto se debió a que pasaba un mal día cuando dictó dicha norma. Tal vez tan solo necesita un abrazo.
miércoles, 26 de octubre de 2011
La fuga
Imagen publicada originalmente por César Angel en: http://www.flickr.com/photos/cesarangel/4630122522/
Bajo licencia CC
Le pidió que lo dejara. Le quiso hacer entender que la vida es así. Que nada es eterno. Que por más que nos empecinemos en ser inmortales, el sol nos resecará irremediablemente. Le dijo que no había culpa en la muerte. Que ya estaba viejo y no quería apagarse lejos de casa. "Acordate del Carretero", le suplicó, "él fue el primero en escapar, ¿y dónde acabó?, pudriéndose en el camino que va a Cotoca".
"No seas sonso cabezón", le respondió Trenzas sacándose el sombrero para pasar desapercibido, "hay que escapar, esta ya no es nuestra casa". Aunque a esa hora de la madrugada pocos autos transitaban por el segundo anillo, no quería correr riesgos innecesarios. Un conductor con un sombrero como ese, iba a ser detenido por cualquier patrullero necesitado de dinero. "Pronto encontraremos un buen lugar y seguiremos en las andadas", le dijo mientras miraba la aguja del tanque de combustible. "Allá te olvidaras de este discursito acerca de la muerte y todos estos operios melancólicos con que me estás llenando. Ya lo verás. Me darás las gracias. Además, después de tanto trabajo que me costó sacarte de donde estabas !Ahora te echas para atrás!", le soltó con su sonrisa de niño con volantín nuevo.
Nadie habló durante unos minutos.
"¡Ahí está la flaca!", dijo Trenzas.
La flaca era una mujer de casi cien kilos, que vestía completamente de negro y con un par de anteojos dorados, con vidrios gruesos como de culo de botella.
"Apurate, subite", le gritó Trenzas al verla que dudaba. La mujer de negro obedeció empujando su humanidad dentro del toyotita que acababan de robar. Resoplaba por el esfuerzo. Los años en que embrujaba a los hombres incautos habían quedado atras y no volverían.
"Casi no te reconozco sin tu sombrero", dijo la flaca, "Me hubieras dicho en que auto iban a venir".
Nadie le respondió.
Midió brevemente a sus compañeros de siempre, y entendió qué estaba pasando. El cabezón había mostrado poco entusiasmo desde la primera vez que Trenzas les compartió su idea. Ella entendía sus dudas. Entendía que para él desenterrarse de su historia era traumático. Que él era diferente a ellos, estaba hecho de distinta madera. Que para él, caminar no era sinónimo de avanzar. Decidió desempatar el juego.
La flaca era una mujer de casi cien kilos, que vestía completamente de negro y con un par de anteojos dorados, con vidrios gruesos como de culo de botella.
"Apurate, subite", le gritó Trenzas al verla que dudaba. La mujer de negro obedeció empujando su humanidad dentro del toyotita que acababan de robar. Resoplaba por el esfuerzo. Los años en que embrujaba a los hombres incautos habían quedado atras y no volverían.
"Casi no te reconozco sin tu sombrero", dijo la flaca, "Me hubieras dicho en que auto iban a venir".
Nadie le respondió.
Midió brevemente a sus compañeros de siempre, y entendió qué estaba pasando. El cabezón había mostrado poco entusiasmo desde la primera vez que Trenzas les compartió su idea. Ella entendía sus dudas. Entendía que para él desenterrarse de su historia era traumático. Que él era diferente a ellos, estaba hecho de distinta madera. Que para él, caminar no era sinónimo de avanzar. Decidió desempatar el juego.
Tomó la mano derecha de Trenzas, la que descansaba en el volante, con la misma ternura de una madre con su hijo
cuando aprende a manejar bici. Este la miro sobresaltado. "No todos queremos ser niños para siempre" le dijo. El niño-hombre sostuvo su mirada un momento para luego caer en lo irremediable de la situación, viendo el camino que solo la verdad desnuda puede develar.
"Somos los últimos, no deberíamos separarnos", les dijo con toda la tristeza del mundo.
.
jueves, 7 de octubre de 2010
Lejanos y exóticos
Hubo un tiempo en que pensaba que esas cosas sólo ocurrían en lugares lejanos y exóticos. Lugares que parecían recién creados por Dios, en que el clima y los temperamentos eran todavía burdos y extremos. Naciones donde los bucaneros guardaban su oro mal habido y lo señalaban con una x en un mapa que desaparecía y aparecía de siglo en siglo en las manos de los seres más inverosímiles. Donde el entomólogo buscador de libélulas gigantes terminaba rescatando a la hija del jefe, que iba a ser sacrificada como ofrenda para que termine la inundacíon electrónica que llevaba al punto de la locura a los habitantes con su zumbido metálico sobrenatural. Donde la justicia y la injusticia se medían por el tamaño del sable. Donde los dictadores de profuso bigote eran producto de la imaginación del novelista. Lugares en que el caos terminaba al apagar el monitor, o cerrar el libro. Lugares que atraían al visitante y expulsaba al nativo. Lugares fantásticos pero terribles. Hubo un tiempo en que pensaba que esos lugares eran lejanos y exóticos.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Humo
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sábado, 18 de septiembre de 2010
Don Pacho
Si me lo pidieran, no podría reconocer qué efectivamente era verdad, qué estaba exagerando y qué era un total invento. Don Pacho tenía muchas historias. Y les gustaba contarlas. Y a mi me gustaba escucharlas, reales o no. El hombre había sido radiotécnico, contrabandista de medicamentos (como casi todo comerciante en este país), cazador de tigres, vendedor de autos, vendedor de productos eléctricos, metalmecánico, capataz de obra, dueño de plantaciones de ocoró, había escapado de ladrones armados en Panamá y de narcotraficantes en Beni, y había hecho muchas otras cosas en otros muchos lugares que no tuve el tiempo de conocer.
Tuvo que simplificar su nombre porque el cura extranjero que lo bautizó intentó un nombre impronunciable. Sus primero años los pasó en Santa Cruz, donde la arena te chicotea en agosto. Su madre lo había dejado al cuidado de sus abuelos y cuando tuvo que unirse a ella en La Paz me confesó que nunca pudo olvidar la primera vez que conoció a su padrastro. Más cercano al cine que a la vida real, la postal que lo esperaba cuando lo recogieron de la estación consistía en su madre caminando junto a un hombre que cojeaba visiblemente, vestido de negro y con un extraño sombrero del mismo color, los dos cubiertos por la fria neblina de esa ciudad extraña, que se daba modo para sobrevivir en el techo del mundo.
Le gustaba el monte. Una vez, por la misma región en que encontró el esqueleto de Jichi descansando en el fondo de una laguna seca, se perdió en una excursión de cacería donde pudo tumbar un anta de proporciones inverosímiles, pero no pudo cargarla de vuelta al campamento. Lo encontraron dos días después, todavía intentando llevar la carne que quedaba al lomo.
La muerte lo encontró solo y en pleno carnaval. Cuando sintió que su corazón se quebraba se levantó de donde estaba sentado en su patío y sus fuerzas no le alcanzaron para llegar a la cocina. Aunque las semanas anteriores lo había notado más cansado y aburrido que de costumbre, había desestimado la certeza con que hablaba acerca de próxima partida. "Yo creo que esta va a ser mi última aventura", me decía al equipar su tienda en la avenida principal del barrio. No estaba totalmente equivocado. Todavía le alcanzaría para otra más luego del fracaso de la tienda.
La última vez que visite el cementerio no pude encontrar a Don Pachito. Revise concienzudamente las filas de rectángulos de cemento sin tener éxito. Estaba seguro de la zona, pero no tenía un punto de referencia preciso para señalar donde descansaba mi amigo, entre las varias tumbas sin nombre. Sólo me saludaron el silencio y la calma que siguen al bullicio que es la vida.
Tuvo que simplificar su nombre porque el cura extranjero que lo bautizó intentó un nombre impronunciable. Sus primero años los pasó en Santa Cruz, donde la arena te chicotea en agosto. Su madre lo había dejado al cuidado de sus abuelos y cuando tuvo que unirse a ella en La Paz me confesó que nunca pudo olvidar la primera vez que conoció a su padrastro. Más cercano al cine que a la vida real, la postal que lo esperaba cuando lo recogieron de la estación consistía en su madre caminando junto a un hombre que cojeaba visiblemente, vestido de negro y con un extraño sombrero del mismo color, los dos cubiertos por la fria neblina de esa ciudad extraña, que se daba modo para sobrevivir en el techo del mundo.
Le gustaba el monte. Una vez, por la misma región en que encontró el esqueleto de Jichi descansando en el fondo de una laguna seca, se perdió en una excursión de cacería donde pudo tumbar un anta de proporciones inverosímiles, pero no pudo cargarla de vuelta al campamento. Lo encontraron dos días después, todavía intentando llevar la carne que quedaba al lomo.
La muerte lo encontró solo y en pleno carnaval. Cuando sintió que su corazón se quebraba se levantó de donde estaba sentado en su patío y sus fuerzas no le alcanzaron para llegar a la cocina. Aunque las semanas anteriores lo había notado más cansado y aburrido que de costumbre, había desestimado la certeza con que hablaba acerca de próxima partida. "Yo creo que esta va a ser mi última aventura", me decía al equipar su tienda en la avenida principal del barrio. No estaba totalmente equivocado. Todavía le alcanzaría para otra más luego del fracaso de la tienda.
La última vez que visite el cementerio no pude encontrar a Don Pachito. Revise concienzudamente las filas de rectángulos de cemento sin tener éxito. Estaba seguro de la zona, pero no tenía un punto de referencia preciso para señalar donde descansaba mi amigo, entre las varias tumbas sin nombre. Sólo me saludaron el silencio y la calma que siguen al bullicio que es la vida.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
38
Confieso que fui tentado. De rato en rato la miraba de reojo. A veces me atrevía a tocarla y dejarme atrapar por la promesa de seguridad. Quería mantenerla a mi lado. Era como una cortina de humo que no hacía más que ocultar la permanente incertidumbre de la calle desnuda. En esos días era todopoderoso. Caminaba erguido y dominante, desafiando el futuro como maleable. Hipnotizado por el prestidigitador moderno que nos convence de nuestra autosuficiencia. Fui víctima y cómplice. Sin embargo el humo se disipó y me dejó ver los hilos de la ilusión. La verdad me miraba sonriente y cegadora. Conducía la barca que yo pensaba manejar. Que ella me hizo pensar manejar. Lo cierto era que no importaba cuan bien aprendía a nadar, la corriente iba a decidir cuanto tiempo iba a respirar. La noche que comprendí aquello, devolví la 38 a su dueño original. Los días de la ilusión de invulnerabilidad que me brindó la señora Colt fueron demasiados.
domingo, 18 de octubre de 2009
Heroe

Melgar respiró aliviado al verse solo. Se había quedado dormido. La noche en el chaco apenas comenzaba y el frío era intenso. Luchando contra el sueño se acomodó contra un árbol sin hojas abrazando su fusil. Era viernes y estaba de guardia. Esa semana había sido atípica. A diferencia de los meses desde su llegada al frente sin ningún encuentro con los pilas, Melgar paso dos días agachado atrás de una piedra amiga escuchando los silbidos de las balas enemigas. Su respuesta se había limitado a deslizar su fusil por encima de su escondite disparando con los ojos cerrados. No había comido practicamente nada en dos días y, para su desgracia, recordó el sabor de la pasoca de los sábados. La cocinera era tia Negra, vecina de la cuadra que se hizo cargo de la crianza de Melgar a la muerte de su madre. Todos los sábados el canchón reventaba de amigos y parientes. Siempre había algo que comer y algo de que reír. Fue precisamente lo real del recuerdo lo que disparó su alarma. Se dio cuenta que había pasado la frontera del recuerdo y la añoranza a las telarañas del sueño y sus peligros. Lo primero que vio al abrir los ojos fue a Mercado mirándolo en silencio son su arma en las manos. Antes de que ninguno dijera nada, Mercado se desplomaba y su uniforme se manchaba de rojo a la altura del corazón. Alertado por el ruido, el Sargento Martinez apareció en un par de segundos. Melgar todavía tenía el fusil en las manos apuntando el vacio donde antes estuvo parado Mercado. "¿Que pasó aqui?", preguntó Martinez . "Nada", respondió sin inmutarse Melgar, "Lo pillé durmiendo de guardia". Martinez pestañeo dos veces y dijo, "Bien hecho soldado, con guerreros como usted ganaremos esta guerra". Dos horas después Melgar continuaba peleando contra el sueño y la aflicción de llegar a fin de semana con más bajas bolivianas que enemigas en su haber.
martes, 6 de octubre de 2009
lunes, 21 de septiembre de 2009
Nombres
Las razones son misteriosas. Tal vez era el nombre de un pariente querido. Tal vez después de repetirlo varias veces sonaba bien. Tal vez fue el punto de acuerdo, neutro y sin carga emocional para ninguno de los padres. Lo cierto es que, mientras Don Oscar caminaba por la calle recalentada por el sol chaqueño de media mañana, tenía un nombre para su primogénito: Jorge. Tres cuadras antes del registro civil se encontró con el compadre Mario. El calor fue la excusa y unas botellas frías de cerveza el medio. Varias horas después, Don Oscar desandaba sus pasos con el certificado de nacimiento en su bolsillo, agradeciendo a la fortuna que le permitió encontrarse con su compadre. En ese momento no entendía como pudo considerar nombrar a la criatura con un nombre tan común como Jorge. Habiendo seguido la inteligente sugerencia de Mario, el nombre estampado en el certificado era Benigno. La reacción de la mamá de Benigno al conocer las razones y el nuevo nombre son también misteriosas.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Encuentro cercano
Todo comenzó diez minutos antes de media noche. Estábamos sentados en un circulo en el patio trasero, esperando el año nuevo mientras, con igual ímpetu, tratábamos de resolver la situación política del país y decidir la mejor alineación de la selección de fútbol. Tío Willi terminaba de preparar sus pollos ahumados, marca registrada. Utilizando un turril, había hecho fabricar una parrilla redonda, con tapa incluida, que no dejaba escapar el humo. Doña Aida, la abuela y poderosa matriarca de la familia, apuraba el arroz con queso mientras gritaba "No importa" al escuchar un vaso romperse. Los niños, como si el mundo fuera a acabarse, jugaban imitando sus personajes favoritos de la lucha libre mexicana. Las tías se peleaban a Mariano de 6 meses de edad y primer bisnieto de la familia. El primero que vio uno fue Tío Silver. En su infaltable anacrónica vestimenta y mientras intentaba explicar porque el olor a pescado le recordaba a una corteja pasada, se detuvo y apunto al cielo. En un inicio nos pareció a todos que aquello había sido una estrella fugaz, pero pronto lo siguió otro y otro. El cielo se llenó de puntos luminosos que se movían ágiles en una danza caótica. Al darnos cuenta que se iban acercando nos movimos a la seguridad de la cocina. La incredulidad me asaltó cuando uno de ellos se acercó a nuestro patio. Era una nube de luz azulada en forma de plato y tenía el tamaño de un automóvil pequeño. Se quedo inmóvil a unos dos metros del suelo por unos minutos. "Mañana comienza el año 2012" murmuró Javier mientras, aterrorizados, lo vimos salir al patio y deslizarse exactamente debajo del OVNI. Casi embelesado, estuvo unos segundos contemplando el objeto cuando algo pareció llamarle la atención. Rápidamente, su mirada pasó de la curiosidad y el asombro al terror. Debajo del plato luminoso, al lado de unos caracteres ilegibles pero conocidos, se podía leer Made in China.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Merengue, burbujas de amor y un señor llamado Guerra proclamando Paz sin Fronteras

Apurado como siempre, agarre a la que tiene la llave de mi corazón y salimos veloces. El cielo se pintaba lloroso. No importa, dijo mi guaraya alemana, que nos llueva café esta noche. Llegando, varias señoras se peleaban por vendernos de esos ponchillos que uno debe usar si quiere pasar el Niagara en bicicleta. Se veían las señales humo de la comida rápida alrededor del estadio y las avispas atraidas por el azucar de los mocochincheros. El público llegaba como abejas al panal. La cola para gradería era considerable. Mas larga da las que más de uno tuvo que padecer, buscando visa para un sueño. Nosotros estábamos a salvo. Haciendo caso omiso al costo de la vida, teníamos entradas para cancha. Adentro, el escenario era un farolito en la oscuridad, una bendita luz. Un avion a hélice nos trajo a Juan Luis, a partir de ahí fue complicado para su servidor. Tengo dos pies izquierdos asi que seguir la bachata rosa de mi esposa fue un reto que cumplí a medias. Ella es literalmente, una woman del callao. Frío frío era mi desempeño en la pista de baile. En busca del ritmo mire al cielo y pude ver las estrellitas, pero no a los duendes. Vale la pena, me dije, tropezarme para encontrar el 2x2 del merengue. Después de todo, Juan Luis había sido testigo invisible de esa mañana blanca, cuando camine hacia mi esposa y pedí su mano, burlando los nervios que hicieron subir mi bilirrubina. Después de una hora y media de travesía, el avión a hélice despegó dejandonos a todos en la mente la certidumbre que la vida se burla de nosotros, llamando guerra a un testimonio de amor y alegría. Ya en casa, me prometí que para la próxima, el merengue no iba a ser un problema.
miércoles, 29 de julio de 2009
¿Ewan McGregor en Santa Cruz de la Sierra?
"Long Way Round" fué una serie de televisión que seguia las aventuras del actor británico Ewan McGregor y su amigo Charley Boorman a traves de su viaje alrededor del mundo a bordo de sus motocicletas BMW R1150GS Adventure. Los aventureros partieron de Londres con dirección este, pasando por toda europa, a traves de países como Mongolia y Rusia, cruzando en avión a Alaska con destino final Nueva York. La serie de gran éxito fue seguido por su secuela "Long Way Down". En esta nueva aventura McGregor y Boorman cruzan Europa y Africa de norte a Sur, desde Escocia a Sudafrica.
Ayer, mi amigo Warren McCaig, iba manejando su kawasaki 650 por la avenida Doble Via a La Guardia cuando diviso dos motos BMW identicas a las de la serie acercarse en dirección contraria. Al pasar junto a él vio que uno de los motocilistas tenia el visor abierto y, afirma Warren, se parecia mucho a Charley. Este es el camino que tendrían que tomar si uno llega de Argentina o Paraguay. Lo cierto es que investigando en la red, encontramos declaraciones de Ewan McCregor donde afirmaba que tenian intenciones de realizar un tercer viaje, cruzando américa de súr a norte. Los rumores son que el nuevo show se llevaria a cabo el 2009 y titularia "Long Way Up" partiendo del Cabo de Hornos en la Patagonia para concluir en California.
Entonces hay muchas posibilidades que, mientra escribo este post, McGregor y Boorman deben estar dejando Santa Cruz despúes de disfrutar una noche en la capital cruceña. Como este blog sólo lo leen tres personas en todo el mundo, no tengo temor de romper su anonimato y asi hacer peligrar su tercera aventura, esta vez a través de tierras sudamericanas.
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