sábado, 6 de abril de 2013

Sayuri

Cuando pienso en Sayuri me la imagino nadando entre delfines, en un mar azul, espejo de un cielo diáfano y pintado de nubes. No sé si esta imagen tenía asidero en los intereses reales de mi prima. No sé si la biología marina formaba parte de sus propósitos de vida. No recuerdo haber tenido con ella una conversación acerca del tema. Tal vez en su casa alguna vez se me quedó la imagen de una postal de la hermosa isla de Okinawa. Tal vez alguna vez ella pintó unos delfines siderales y los colgó en su habitación. Tal vez asocié todo lo anterior con los días de mi infancia en que mi tía, su madre, nos llevaba a todos los primos a la piscina en vacaciones. Recuerdo que mientras chapoteábamos en el agua, mi tía Margarita se sentaba elegantemente a leer un libro bajo una sombrilla. Tal vez tenía que ver con que veía a Sayu como una mujer que buscaba obstinadamente sus sueños. Tal vez simplemente la extraño e inconscientemente deseo que esté bien y feliz. Lo cierto es que, en su velorio, cuando me preguntaron si quería acercarme al cajón para verla por última vez me rehusé. Yo ya tenía la imagen con que deseaba recordar a mi prima, fuera o no producto de mi imaginación.

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